6.09.2014

Horno de cal Un paredón sin bandos y en ruinas Vecinos de la Creu Coberta llegaron a tapiar las ventanas de sus casas para que los niños no contemplaran los ajusticiamientos en el horno de cal (LEVANTE-EMV, 09/06/2014)

Escenario de fusilamientos durante la Guerra Civil y los años posteriores, las pocas piedras que sustentan el horno de cal de la ciudad de Valencia, en la Creu Coberta, está manchado con la sangre de las víctimas de los dos bandos de la contienda. La construcción del Bulevar Sur, las obras del AVE y la dejadez de las administraciones han puesto en peligro la resistencia de este enclave de gran valor histórico
Botellas de alcohol vacías, el rastro de los grafiteros clandestinos y el murmullo del paso de los trenes. Son, desde hace años, la única compañía del viejo horno de cal, en el barrio de la Creu Coberta, muy cerca de la calle San Vicente Mártir. En este lugar se mantiene en pie el esqueleto del único horno de cal de la ciudad de Valencia, antaño parte imprescindible de la primera industria de la que se tiene constancia en la Creu Coberta.
Este enclave, orillado por el Bulevar Sur y acechado por el olvido de las administraciones, fue el escenario de uno de los capítulos más sangrientos de la Guerra Civil en la capital del Túria. El horno de cal sirvió como paredón para los dos bandos que intervinieron en la amarga contienda. Sus piedras, las que todavía se resisten a ceder a la ley de la gravedad, se mancharon con la sangre de unos y de otros, durante y después de la guerra.
Con la construcción del Bulevar Sur, la asociación de vecinos del barrio solicitó que los restos del horno de cal se mantuvieran intactos, casi como un emblema de la resistencia de la memoria para que nadie olvidase lo que allí sucedió.
El horno de cal, como recalca Matías Alonso, portavoz del grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica, es de los pocos espacios en la ciudad en el que ambos bandos atentaron contra la vida de sus vecinos. Primero, las piedras que resultaron de la demolición de la Creu Coberta por parte de unos milicianos al inicio del conflicto, depositadas junto al horno, acogieron el ajusticiamiento de ciudadanos acusados de colaborar con los militares insurgentes. La práctica se alargó durante los primeros meses de la guerra, pero las tornas cambiaron al finalizar con la victoria franquista. Los defensores de la II República pasaron a ser las víctimas de los paseíllos que concluían en este horno de cal, casi siempre a horas intempestivas.
Algunos de los mayores de la Creu Coberta recuerdan que hubo quien optó por tapiar las ventanas de sus casas, para que los niños, al despertarse en mitad de la noche por culpa de los gritos y los disparos, no pudieran contemplar con sus ojos los asesinatos a quemarropa.
Recogidos los testimonios de los habitantes de la Creu Coberta que vivieron aquello, Matías Alonso envió escritos al ayuntamiento, la Generalitat, el Gobierno y a diferentes instancias europeas para proteger el horno, ahora rodeado por el tendido ferroviario de la línea de alta velocidad.
Serio riesgo de derrumbe
A día de hoy, el estado del horno de cal es de total deterioro. En las últimas semanas ha desaparecido una viga de hierro que sostenía parte de la base, quizá para ser fundida o vendida como chatarra. Con ello, la estabilidad del horno es mínima y podría derrumbarse, según indica Alonso, en cualquier momento.
En este sentido, desde el PSPV se apunta que en el proyecto de urbanización presentado por la Sociedad Valencia Parc Central «se incluye una partida de 7.500 euros para proceder a la limpieza, excavación de los elementos enterrados y puesta en valor de esta edificación, para que quede integrada en la zona ajardinada de la parcela 42 del citado Plan de Reforma Interior».
No obstante, no se ha realizado nada todavía.
Según Salvador Broseta, portavoz adjunto de los socialistas en el ayuntamiento, el Servicio de Programación de la Delegación de Urbanismo, en su informe previo, «aconseja que se defina completamente la actuación propuesta sobre este elemento al objeto de actuar con la mayor brevedad posible para evitar el deterioro de este elemento protegido, sin esperar a la urbanización global del ámbito». En esta línea, remarca que la Sociedad Valencia Parc Central «ha realizado obras anticipadas como la demolición de edificaciones industriales de la calle San Vicente para la llegada del AVE», por lo que podría integrar «definitivamente el horno de cal evitando más expolios, con una zona ajardinada», concluye Broseta.