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D'El pulpito laico
Cuando Brian se afilió a Podemos
Pascual Serrano
Está
en candelero el conflicto interno en Podemos. Por un lado, es
indiscutible que hay muchos sectores interesados en magnificar un debate
político y una sana discrepancia para
presentarlo como una crisis de partido. Por otro, es verdad que los
líderes de la organización
-y otras figuras de segundo nivel-
no se han caracterizado por la prudencia y discreción.
Además,
como parece que en el ADN de este partido estaba la mitificación de
internet y las redes sociales como ecosistema idílico para organizarse,
preparar programa político y
debatir ideológicamente, el ruido ha terminado siendo más atronador y,
al mismo tiempo, más empobrecedor.
El
resultado ha sido el final de algunas ingenuidades sobre las que se
sostenía el proyecto de Podemos. En primer lugar, el liderazgo
indiscutible y la cohesión en torno a un ideario
que no podía mantenerse en la ambigüedad indefinidamente. Lo mismo que
vimos en una escena de la serie televisiva Borgen, donde Birgitte
Nyborg, la líder del partido
-también en fase germinal y con un crecimiento en aluvión-,
se
ve desbordada por simpatizantes con propuestas políticas de toda índole
y debe desmarcarse de algunos de ellos. En realidad, la ingenuidad en
Podemos no era exclusiva de sus líderes
y fundadores, sino de una sociedad ideológicamente líquida y anodina,
sobre la que resulta más rentable presentarse con un discurso indefinido
y ambiguo, que con propuestas audaces y políticamente sólidas.
Sirva
como ejemplo el debate sobre la denominada pobreza energética. En
primer lugar la debilidad política de utilizar calificativos para la
pobreza. Se es pobre para calentarse
en invierno, pero también para comer o para conseguir vivienda. Se es
pobre y punto.
Igualmente,
todos coinciden en señalar a las eléctricas como inmorales y
responsables de esa tragedia mientras disparan sus beneficios y compran a
gobernantes mediante el sistema
de puertas giratorias. En cambio, tras ese diagnóstico indiscutible,
pocos se atreven a reconocer que la solución sería la nacionalización de
la producción y distribución de la electricidad. Y no, no es comunismo,
es lo que había en España cuando gobernaba
Suárez, es decir, antes de que nuestro gobierno fuera “socialista”.
Paradojas del destino.
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