Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE José María de Loma 02 ABR 2025 8:37 María Dolores de Cospedal, la lista que no sabía nada Un día estuvo hasta en la sopa y ahora vive un discreto retiro



 Lo niega todo y puede verse en breve ante la Fiscalía. En los ochenta fue Miss Feria de Albacete. Tiene un elegante porte de señora antigua con rentas en el barrio de Salamanca. Gasta finura en el acento pero puede también comportarse en los mítines como la animadora choni de una verbena en honor de la berenjena de Almagro. Miente con sonrisa, acuñó una nueva modalidad laboral, el contrato en diferido y durante unos años fue la Cuca Gamarra del PP aunque con una gesticulación más atractiva, con menos cara de rabia y sin tener que soportar a Feijóo. Sí a Rajoy, que es un Feijóo con más gracia y menos ambición. María Dolores de Cospedal. Originariamente no iba el de en su apellido. Ella lo añadió. Le debe parecer más aristocrático, cuestión sobre la que el que suscribe -cuyo de no es apócrifo- se abstiene de opinar.

Un día estuvo hasta en la sopa y ahora vive un discreto retiro en el que uno la imagina tomando el té a la tarde con el dedo meñique levantado, manejando con mano de hierro a la servidumbre de un cigarral toledano mientras da, enérgica, instrucciones por teléfono a no sé sabe quién. Tal vez a un frutero, a un comisario, al director de un cáterin, a su filatélico de cabecera, a un concejal o a un vecino que hace ruido.

Es abogada del Estado, ojo, un respeto. A mí la gente que hace semejantes oposiciones me causa una admiración importante. Por mucho que luego sea capaz de hablar en el idioma argumentario, ese que manejan los dogmáticos, los poco creativos, los disciplinados. Fue diputada, senadora, consejera en la Comunidad de Madrid, ministra de Defensa con Rajoy dos años y presidenta de Castilla-La Mancha (2011-2015), donde eliminó retribuciones para la oposición y fue la gran apóstol de la lucha contra el déficit, recortando en gasto social abundantemente. Tal vez hubiera querido ser la Ayuso de su tiempo, pero Toledo no es Madrid, para lo bueno y para lo malo. Ahora el PP de la región quiere nombrarla presidenta de honor, pero, digamos, la iniciativa no goza de consenso.

Cospedal, albaceteña del 65, como las buenas navajas, dirigió con mano de hierro (ya nos ha salido la palabra hierro dos veces en este texto y aún no hemos dicho que su segundo marido se apellida López del Hierro) como secretaria general entre el 2008 y el 2018 e intentó suceder a Rajoy aunque las primarias de la Señorita Pepis que organizó el PP (setenta mil inscritos para votar en una masa de 800.000 afiliados, o eso creían ellos) no le fueron favorables. Quedó la tercera. Duro golpe ser tercera para una segundona. Entregó su influencia a los enemigos de Soraya Sáenz de Santamaría y salió elegido Pablo Casado. El resto no es historia; es guerra interna sucia.

Estos días, la férrea Cospedal salta a la actualidad porque el Congreso planea llevarla a la Fiscalía por negar la Operación Cataluña. La Operación Cataluña tiene nombre de grupo de Whatsapp creado por el cabeza de familia para ir informando de las novedades sobre la celebración en la Costa Brava del cumpleaños de la abuela, que cumple ochenta años y está ya algo delicadita. Pero es, presuntamente pero bastante acreditadamente, una iniciativa durante los gobiernos de Rajoy para que una suerte de policía política espiara a indepes catalanes. Jefe, que Puigdemont ha pedido una pizza Margarita. PSOE, ERC, Junts y Bildu negocian volver a citar en la comisión de investigación a expresidentes populares y a las cúpulas de los gobiernos del PP.

Cospedal tiene una relación política no demasiado aclarada con el comisario Villarejo y unos audios de ambos, conocidos hace poco, podrían demostrar el presunto conocimiento que Rajoy tenía del espionaje a Luis Bárcenas, el hombre que debía de ser fuerte pero fue preso. Pagó después de pagar tanto. Sobresueldo. Cospedal dice que no sabe nada de la Kitchen ni de la Gürtel ni de los espionajes ni de la policía patriótica ni de nada. Esperemos que no se le haya olvidado también todo lo que aprendió para acceder a la abogacía del Estado, si bien no es mala, ni carece de precedentes, la línea de defensa que consiste en negar, decir no sé, hacerse la rubia. Con lo lista que nos había salido.

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